El Hombre del Camino es una biografía novelada inspirada en la figura de Julián Hernández, conocido como Julianillo, uno de esos hombres humildes que la historia suele mencionar de pasada, pero cuya vida sostiene a veces el peso secreto de una época. Julianillo no fue rey, ni obispo, ni teólogo de renombre. No ocupó cátedras ni dejó grandes tratados escritos.
Siendo niño o joven salió con su familia hacia tierras alemanas, donde entró en contacto con el mundo de la imprenta y aprendió el oficio de cajista: ese trabajo paciente de componer letras, ordenar tipos y dar forma visible a las palabras. Más tarde, adoptó el oficio de arriero y transportista, no como simple ocupación accidental, sino como medio eficaz para cumplir una tarea arriesgada: introducir y distribuir Nuevos Testamentos y otros escritos reformados en tierras españolas.
Al narrar su vida, es inevitable acercarse al mundo que lo rodeó: la Sevilla del siglo XVI, los círculos de lectura bíblica, la vigilancia del Santo Oficio, los autos de fe, el exilio de algunos reformados españoles y la lenta marcha de la Escritura en lengua castellana. Y el miedo.


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